martes, 5 de febrero de 2008

Buenos días


Buenos días, corazón. Hoy tengo que darte los buenos días por aquí porque por DoctorAmor sólo me sale la dichosa calculadora del amor. ´
Pero es un placer darte los buenos días así, descubrirte desnudo a mi lado, con los ojos aún semicerrados, mientras los primeros rayos de sol entran por la ventana. Beso tu mejilla intentando despertarte y sonrio recordando la apasionada noche que hemos compartido. Miro bajo las sábanas ambos estamos desnudos y una pequeña erección matinal entre tus piernas me llama poderosamente la atención, con el deseo que darte más, pero enseguida deshecho la idea. No ahora no puedo ser mala, tenemos cosas que hacer, levantarnos, ducharnos (quizás juntos) vestirnos, desayunar y salir a trabajar, sobre todo eso, ir a trabajar tratando de no llegar tarde.
Así que me limito a darte otro beso en la mejilla, tu terminas de abrir los ojos, me observas, me abrazas, te lanzas sobre mí enredando tus piernas en mi cuerpo, consiguiendo colocarme de lado y dándome un tierno y apasionado beso en el que nuestras lenguas se encuentran de nuevo en una dulce batalla. Cuando te separas de mí, me miras a los ojos y me dices:
- Buenos días, princesa.
- Buenos días, mi sol - te respondo.

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