miércoles, 20 de agosto de 2008

Ducha caliente

Mientras me enjabonaba en la ducha, sabía que me estabas observando, al otro lado de la mampara, no me digas cómo, pero lo percibía. Fue entonces cuando empecé a sentir una excitación fuera de lo normal, tanto que a través del cristal traslúcido debías estar viendo mi miembro en su máxima expresión y sin poderlo evitar, abriste la puerta para colarte conmigo en el recinto de la ducha. Allí contra la pared, te penetré, tal y como me pediste entre gemidos. El agua nos bañaba por fuera y nuestros fluídos por dentro.

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