martes, 21 de diciembre de 2010

DESPERTANDO MIS SENTIDOS (1ª parte)

A partir de hoy quiero ir subiendo aquí mis relatos, los que van surgiendo, los que voy escribiendo. Y poco a poco ireis viendo como se crean, como crecen y se desarrollan ya que los iré poniendo por partes. Decir que todos van dedicados a Rinaldo, el que durante años ha sido mi fan número uno, y espero que lo siga siendo mucho tiempo.



Aquella mañana me levanté como cada mañana sobre las ocho, Alberto mi marido acababa de marcharse a trabajar. Así que estaba sola, me vestí, cogí mi bolsa de deporte y una mañana más, como cada día desde hacía cinco, me encaminé hacía el gimnasio, dispuesta a quemar los kilos de más nadando en la piscina.

Mientras caminaba hacía el gimnasio sentio el gélido viento de aquella mañana de enero, pensaba en que Alberto llevaba meses sin ponerme la mano encima y estaba ya cansada, necesitaba sexo y él cada vez que yo me acercaba o no tenía ganas o no tenía tiempo. Estaba segura de que me engañaba, y probablemente sería con su secretaria, una jovencita de 23 años a la que había contratado hacía seis meses. Aún podía recordar la primera vez que la ví, con aquella minifalda tan escueta y el escote tan grande por el que casi se le salian las tetas. ¿Cómo podía yo, una mujer de 38 años competir con aquel bomboncito? Llegué al gimnasio, inmersa en ese pensamiento, me quité la ropa, me puse el bañador mientras seguia pensando, que por mucho deporte que hiciera una, mucha dieta que siguiera, etc, etc, los años no pasan en balde y desde luego mi cuerpo ya no era el hermoso cuerpo de una jovencita de 23 años.

Entré en la piscina, la verdad es que no tenía muchas ganas de nadar, me sentía triste y desganada, así que preferí dirigirme hacía el jacuzzi y sumergirme en la caliente un burbujeante agua de este. Frente a mí había un chico, de unos 25- 27 años, calculé, guapo, alto, perfectamente musculado, con unos pectorales que se le marcaban casi como a una estatua de Miguel Angel y unos hombros, bufff. Parecía un atleta griego y sin dejar de mirarle mis pensamientos y mi imaginación me llevaron a imaginarme con él follando como una loca bajo el agua de la ducha del vestuario. Cuando desperté de ese maravilloso sueño erótico, el chico me estaba mirando y sonriendome. Se acercó a mí, se sentó a mi lado y me preguntó:

- ¿Vienes mucho por aquí?

No podía creer que aquel joven y agradable chico estuviera preguntandome algo, así que me quedé embobada mirandole, sin saber como reaccionar y él repitió la pregunta:

- Cada día – fue lo único que pude responderle.

- Pues yo es la primera vez que vengo, pero si llego a saber que podría encontrame mujeres tan guapas como tú, haría mucho tiempo que vendría.

Me quedé sorprendida ante aquel halago y no pude evitar sentirme avergonzada y ponerme roja como un tomate, un chico joven y guapo me estaba diciendo que yo era guapa, no me lo podía creer, cuando por fin pude reaccionar dije:

- Gracias, pero yo no soy nada del otro mundo.

- Venga no te minusvalores, seguro que hay miles de chicos que querrían acostarse contigo ahora mismo, eres una mujer muy sexy y tienes unas curvas, que puff... quitan el sentido. Es en lo primero que me he fijado cuando te he visto.

Nuevamente me ponía roja como un tomate y me sentia avergonzada y sin saber que decir, cuando su mano se deslizó sobre mi pierna y... me aparté dispuesta a marcharme, pero al ponerme en pie para salir del jacuzzi el chico me cogió de la mano muy suavemente y me propuso:

- ¿Por qué no vamos a tomar un café y nos conocemos un poco mejor?

- Vale – acepté porque por más que lo intentara no podía quitarme de la cabeza la imagen de él y yo follando bajo el agua de la ducha.

- Entonces será mejor que salgamos de aquí y vayamos a algún bar cercano ¿no?

- Sí – acepté.

Salimos de la piscina, cada uno a su vestuario correspondiente. Yo me duché y vestí en un tiempo record y al salir, en el vestibulo estaba él esperandome.

- ¿Vamos? – me dijo al verme salir.

- Vamos, hay una cafetería aquí enfrente.

- Pues vamos ahí.

Un par de minutos más tarde entrabamos en la cafetería, nos sentamos en una mesa y ambos pedimos un cortado bien caliente.

El chico me contó que se llamaba Federico, Fede para los amigos y que acababa de mudarse al barrio, era profesor de gimnasia en un instituto cercano y no conocía a casi nadie por allí.

- Y cuando te he visto con ese bañador y esas curvas que quitan el sentido, no he podido evitarlo Ana, eres una mujer preciosa, tenía que decirte algo.

- Me siento halagada – le dije, ya un poco más relajada después de conocernos algo más – sobre todo viniendo de ti, alguien más joven que yo y tan apuesto como tú.

- Venga, vamos, que tampoco eres tan mayor, quizás un par de años más que yo pero no más – dijo.

- Buff, un par no creo ¿cuántos años tienes Fede? – le pregunté curiosa.

- 25 – me respondíó

- ¿Ves como no son sólo un par? Yo tengo 38 – le dije.

- Pues te conservas muy bien y estás estupenda. Eres muy sexy y sino fuera porque acabamos de conocernos, te llevaría a la cama inmediatamente.

Aquella confesión hizo que me excitara de manera que sentí como mis bragas se humedecían y de nuevo me puse roja como un tomate.

- ¿Qué te pasa, por qué te pones roja? – me preguntó Fede.

- Es que no estoy acostumbrada a este tipo de halagos.

- No son simples halagos Ana, es cierto, eres muy hermosa, sexy y apetecible.

- Sí, pero también soy 13 años mayor que tú y estoy casada.

- ¿Y eso que más da? No cambia mi opinión de que eres hermosa, sexy y apetecible – me dijo acercandose un poco más a mí – Y seguro que tu marido no te trata como te mereces – añadió.

- Bueno, eso... dejémoslo a un lado.

- Como quieras – anadió, rozandome la barbilla y haciendome mirarle cara a cara, acercando sus labios a los mios. Pero algo, una especie de resorte o lo que fuera me hizo despertar y alejarme de él antes de que sus labios chocaran.



- No – dije rotundamente.

- ¿Qué pasa? – me preguntó él.

- Soy una mujer casada.

Se separó de mí y le dije:

- Será mejor que me vaya.

- ¿Ya? ¿Tan pronto?

- Si – respondí escuetamente.

- ¿Volveremos a vernos? – me preguntó.

- Supongo, en la piscina – respondí sin querer darle más detalles.



Volví a casa, pensando en lo sucedido e imaginándome a cada minuto con Fede, en la ducha, en la cama. No podía quitarmelo de la cabeza. No hacía más que ver su cuerpo desnudo encima del mio, sus labios besandome, su sexo penetrandome. Me sentia tan excitada que nada más llegar a casa, me desnudé, me tumbé sobre mi cama, y empecé a acariciarme, imaginando que mis manos era las de Fede. Sobé mis pechos, erectos y turgentes, los amasé y coronando los pezones con mis dedos lo apreté. Me sentía viva y excitada, cada vez más. Deslicé una de mis manos por mi torso, hasta llegar a mi sexo, abrí bien las piernas y adentré mis dedos en mi sexo, busqué entre los labios mi clítoris, lo masajeé suavemente. Sentí como todo mi cuerpo se estremecía, gemí imaginando que era la mano de Fede la que me acariciaba tan dulcemente, introduje dos dedos en mi vagina y empecé a moverlos como si fueran un pequeño pene, dentro y fuera, dentro y fuera. Todo mi cuerpo se convulsionaba a cada penetración, mis gemidos aumentaban de intesidad, hasta que todo mi cuerpo se desató en un bestial orgasmo que me estremeció de pies a cabeza. peligrosamente con los mios.

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