miércoles, 26 de enero de 2011

DESPERTANDO MIS SENTIDOS (3ª parte)

Noté un sexo duro, grande, e inquieto y esa sensación me encantó, tanto que sentí como mi sexo se humedecía de nuevo y no pude evitar acercar mis labios a los suyos y besarle profundamente, buscando su lengua dentro de su boca y tratando de darle el más profundo de los besos....

Me puse sobre él y sentí como su sexo chocaba con el mío a través de las telas de los bañadores. Nuestras pieles se erizaron, el calor nos inundó a ambos y estuvimos a punto de cometer la locura de hacerlo allí mismo, e incluso sentí los dedos de Fede introduciéndose dentro de mi bañador buscando mi clítoris, pero justo a tiempo le dije:

- No, aquí no, vamos a un sitio más intimo.

- Vale.

Salimos del jacuzzi cogidos de la mano, calientes ambos, deseosos de poseer al otro. Nos dirigimos hacía las duchas del vestuario de los hombres, ya que en ese momento no había nadie en el vestuario masculino. Una vez en una de las duchas, cerramos la puerta con el pestillo, Fede me arrinconó contra la pared, subí mi pierna derecha hasta su cadera; Fede encendió la ducha para que no se oyeran tanto nuestros movimientos y también para disimular y así dimos rienda suelta a nuestros deseos.

Sus dedos volvieron a colarse dentro de mi bañador en busca del clítoris, mientras yo sentía su sexo pegado a mi pelvis, erecto y duro como una piedra. Yo también introduje mi mano dentro de su bañador y atrapé aquel delicioso objeto de deseo entre mis dedos. Deslicé el slip por sus piernas y su polla se alzó altiva ante mí, mientras él mismo terminaba de deslizar el bañador por sus piernas hasta el suelo. Tenía un cuerpo perfecto, hermoso, musculado como el de una estatua griega. Y yo no podía creerme que un hombre así estuviera a punto de hacerme el amor. Cerré los ojos y me dejé llevar. Le besé apasionadamente, me abracé a él con mi pierna alrededor de su cintura y él me quitó la parte superior del bañador, haciendo que los tirantes bajaran lentamente por mis brazos. Mis senos quedaron al descubierto, al acecho de su boca que sin dilación acercó a mis pezones y los chupó. Todo mi cuerpo se agitó presa del placer.




Gemí, y la supliqué:

- Fóllame.

Le deseaba como a nada en el mundo y quería tenerle dentro, su polla que aún estaba entre mis manos, saltaba ansiosa, la acerqué a mi sexo aún tapado por el bañador. Fede me lo quitó, casi desgarrandolo, me alzó en brazos, de modo que pude rodearle con ambas piernas, y me hizo descender suavemente sobre su erecto falo.

- ¡Aaaaahhhh ¡ - Gemí al sentirle por fin dentro de mí.

Me abracé con fuerza a él, igual que él a mí, aunque tuvo que apoyar mi espalda sobre las frias baldosas de la pared de la ducha. Empezó a empujar, una, otra, y otra y otra vez, mientras yo sentia como aquella verga que me parecía incluso más grande que la de mi esposo me daba un placer maravilloso, algo que nunca antes había sentido. Nuestros cuerpos se acoplaron el uno al otro y abrazados estuvimos empujando ambos, sintiendonos, follandonos como locos, hasta que exhaustos ambos alcanzamos el orgasmo. Sentí como su semen me llenaba, como todo su cuerpo se convulsionaba entre mis brazos a la vez que lo hacía el mio y grité, gemí, sentí el éxtasis demoledor de mi orgasmo mezclado con el suyo como nunca antes lo había sentido.

Luego me derrumbé, y él conmigo y los dos caimos al suelo de rodillas, abrazados, unidos aún, con la respiración entrecortada. El agua seguia cayendo sobre nuestras cabezas y sus labios volvieron a besarme con intensidad, con pasión.

- ¡Ufff, ha sido increible! – Me susurró al oido.

Y entonces me dí cuenta, su pene seguía dentro de mí, mi entrepierna estaba mojada, pringosa, y su semen resbalaba por mis piernas.

- Te has corrido dentro – musité – no hemos usado preservativo.

- No, ¿por qué? ¿No tomas la pildora?

- No - musité de nuevo y me quedé inmóvil sin saber que hacer.

Él salió de mí y sentí como un nuevo chorretón de semen se deslizaba por mi pierna derecha. Me puse en pie, me limpie a conciencia con el agua de salia aún de la ducha y musité:

- No debiamos de haberlo hecho. Yo...

- No digas eso, ha sido la mejor experiencia de mi vida. Y me importa un comino lo que pase. Te quiero, y quiero que seas mia y lucharé por ello hasta que lo consiga.

- Sí, pero yo no sé si quiero... – un par de lágrimas se deslizaron por mis mejillas, estaba hecha un lio.

No podía negar que aquella había sido la mejor experiencia de mi vida y que me sentía feliz, pero seguia siendo una mujer casada, infeliz en mi matrimonio, pero casada. Y aquel joven, me estaba ofreciendo algo a lo que no sabía sí tenía derecho. Me levanté, me puse el bañador y salí de la ducha suplicandole a Fede: - Llevame a casa, por favor.

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